viernes, 16 de noviembre de 2018

Evaluación

Para empezar, es interesante reflexionar acerca de qué es la evaluación y cuál es su objetivo. ¿Evaluamos para calificar? ¿Evaluamos para medir un conocimiento? ¿Evaluamos para mejorar el aprendizaje de nuestro alumnado? ¡La evaluación es una fase que forma parte del proceso de enseñanza-aprendizaje, con lo cual debe tener la importancia que se merece y tú eres la persona responsable de dársela!
Para reflexionar y poder ayudarte a aplicar una mejor evaluación en el aula, queremos concienciarte de algunos de los errores que se cometen en la evaluación educativa más para que no los reproduzcas en tus práctica educativa:
·         Confundir la evaluación con la medición: Aunque son conceptos estrechamente relacionados, no son sinónimos. La medición consiste en poner una calificación, un valor cuantitativo o cualitativo, a una acción concreta teniendo en cuenta los aciertos y los fallos cometidos. En cambio, la evaluación consiste en emitir un juicio sobre la calificación que se ha obtenido. De esta manera, con la medición únicamente se sitúa a la persona dentro de un baremo, mientras que con la evaluación podemos orientar, al alumno o alumna, mediante un feed-back, en su proceso de aprendizaje demostrándole aquello que ha hecho bien y aquello que se debe mejorar.

·         Juzgar o etiquetar a un alumno/a por el resultado de una medición: La evaluación tiene por finalidad reflexionar sobre el resultado para poder mejorar. Así pues, no debes utilizar una calificación para valorar a un alumno o alumna, sino tener en cuenta muchos otros factores que influyen en el proceso de enseñanza-aprendizaje como las capacidades de cada alumno/a, la situación emocional, las actitudes…

·         Utilizar la evaluación como amenaza o castigo: ¿Evaluamos para castigar o para mejorar el aprendizaje? Si reflexionas a partir de esta pregunta seguro que tendrás clara la respuesta de por qué se evalúa. Por ello, debemos aplicar las técnicas e  instrumentos de evaluación cuando sean necesarios y con un objetivo que sustente dicha evaluación.

·         No dejarte evaluar por tus alumnos: Tus estudiantes son los que mejor conocen tu manera de enseñar. Por ello, dándoles la oportunidad de evaluar tu práctica educativa, además de otorgarles confianza, les permites ser partícipes del proceso de enseñanza-aprendizaje. De este modo los haces sentir importantes, reconocidos y valorados. Por otro lado, como docente, te puede proporcionar una información útil para mejorar tu docencia y, en consecuencia, te permitirá mejorar el aprendizaje de tu futuro alumnado. Es un proceso cíclico que conlleva una mejora continua.

·         No elaborar instrumentos fiables y precisos: Cuando creamos un instrumento de evaluación debemos redactar unos criterios e indicadores claros, concisos, específicos y fáciles de observar. ¡Un instrumento de evaluación tiene que ser suficientemente claro de modo que si otro docente quiere evaluar la misma competencia para la que habéis elaborado el instrumento, pueda utilizarlo y adaptarlo sin necesitar ayuda alguna!

·         No combinar técnicas e instrumentos de evaluación: Para realizar una buena evaluación, existen muchas técnicas e instrumentos que se pueden aplicar según la finalidad, el momento, el agente evaluador, el enfoque metodológico, el estándar de comparación… y debemos conocer las características de cada uno de estos, escoger el que se ajuste más a la evaluación que queremos realizar y decidir si podemos complementar dicha evaluación con la combinación de alguna otra técnica o instrumento.

·         Estar desactualizado o carecer de formación contínua sobre la evaluación: Vivimos en una sociedad líquida que constantemente está cambiado y en la que surgen estudios, métodos y técnicas nuevas que pretenden mejorar y facilitar, en este caso, el aprendizaje de los alumnos y alumnas. Por ello, es importante mantenerse en constante formación en todas las fases del proceso de enseñanza-aprendizaje.

En definitiva, la evaluación es un proceso complejo que permite, no solo calificar a los estudiantes, sino también conocer y valorar su rendimiento para poder orientarlos y guiarlos en su proceso de aprendizaje. Tú, como docente, dispones de infinidad de técnicas e instrumentos para poder realizar una evaluación adecuada y que aporte la información necesaria para valorar y mejorar el aprendizaje del alumno o alumna.


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