Los
juegos son un buen material para gamificar el aprendizaje de nuestros alumnos y
alumnas y que aprendan conocimientos, habilidades y valores de forma divertida
y sin apenas darse cuenta. Por ello, es importante que elijas recursos
educativos que tengan una finalidad pedagógica y no gamifiques
por gamificar.
Cuando
quieras introducir un juego en tus clases, debes plantearte algunas cuestiones:
¿Qué utilidad tiene? ¿Puede ayudar a los niños y niñas a aprender mejor?
¿Qué puedo trabajar o qué beneficios puedo extraer? Existen juguetes educativos
muy interesantes, pero en este caso vamos a analizar el puzzle como una
herramienta pedagógica dentro y fuera del aula. Si te interesa conocer
sus beneficios y su aplicación…¡no dejes de leer!
La historia del puzzle
¿Sabes
que el primer rompecabezas fue creado casi de forma accidental? En 1762, John
Spilsbury, un experto en el diseño de mapas, colocó uno de sus mapas en un
tablero que posteriormente recortó cuidadosamente siguiendo las fronteras de
los países. Desde entonces se convirtió en una herramienta educativa para
enseñar geografía. La idea de su uso exclusivo para la enseñanza perduró hasta
1820 que empezó a fabricarse en serie por Milton y McLaughlin Bradley.
Tipos de puzzle
Cuando
pensamos en puzzles, nos aparece la imagen de una pieza de cartón con
diferentes formas y con un fragmento de la imagen que se creará finalmente. Sin
embargo, existen muchos tipos de puzzles con los que podemos
trabajar en el aula y fuera de ella:
- Cubo
de Rubik: se inventó en la década de 1970 por un docente de
arquitectura que quería explicar a su alumnado cómo resolver un problema
estructural que lograra mover las partes de forma independiente, sin
destruir la parte central.
- Cubo de Soma: este rompecabezas
tridimensional fue diseñado por el poeta, matemático y escritor Piet Hein
en 1936. Es un cubo formado por 7
policubos irregulares, y es un material magnífico para trabajar
conceptos matemáticos como el volumen, las equivalencias o la geometría.
- Pentominó: este
recurso creado por Solomon W. Golomb en 1975 consta de 12 pentominós. Cada
uno de estos se compone de 5 cuadrados unidos por sus lados y nos permiten
crear diferentes figuras. Con este recurso, años más tarde, Alekséi
Pázhitnov creó el conocido videojuego “Tetris”.
- Sokoban: este
sencillo videojuego, creado en Japón en 1980, consiste en empujar un
objeto hasta el lugar correcto dentro de un reducido espacio, intentando
dar el mínimo número de pasos y de empujes. ¡Uno de los juegos de ingenio
más populares!
- Tangram: este
puzzle procedente de China que se compone de 7 piezas (un paralelogramo,
un cuadrado y cinco triángulos) es uno de los más conocidos y más
utilizados en las escuelas, ya que permite introducir conceptos de
geometría plana mediante la manipulación de materiales con formas
abstractas.
Estos
son solo algunos tipos de puzzles que podemos utilizar, pero existen muchos
otros con diferentes materiales, metodologías, soportes y que se dirigen a
personas de distintas edades. ¡Una cosa está clara, y es que los puzzles,
además de divertidos, tienen grandes beneficios! ¿Ya los conoces? ¡A
continuación te explicamos algunos de ellos!
Beneficios de utilizar el puzzle con fines educativos
- Mejora
la memoria visual: hacer un puzzle implica tener un esquema
previo de la imagen que se quiere construir y recordar en qué lugar se
tiene que colocar la pieza. Con lo cual, la observación será una capacidad
necesaria que también se desarrollará con este juego.
- Desarrolla
la concentración: en relación al punto anterior,
tener que fijarse en una determinada pieza que se debe encajar en un lugar
concreto, requiere que el alumno o alumna preste cierta atención.
- Estimula
la inteligencia espacial y lógico-matemática: los
rompecabezas permiten la representación mental de los espacios
bidimensionales y tridimensionales, además de comprender, manipular y
modificar las configuraciones de un espacio determinado. A la misma vez,
también se pueden trabajar conceptos matemáticos de menos a más abstractos
(figuras geométricas, permutaciones, estadísticas, algoritmos…), analizar
problemas y resolverlos de forma lógica, etc.
- Mejora
la psicomotricidad: cuando son pequeños, la manipulación de
las piezas de un puzzle y encajarlas en un espacio determinado supone un
gran trabajo de motricidad fina y de coordinación óculo-manual importante.
Estas dos habilidades serán imprescindibles para, posteriormente, aprender
a escribir.
- Enseña
a autocontrolarse, a reflexionar y a tolerar la frustración: el
puzzle es un recurso que requiere ser preciso, tener mucha paciencia, y
pensar antes de actuar. En este desafío es fácil fallar o no encontrar la
pieza deseada, sin embargo, en este momento es importante motivar a tus
alumnos y enseñarles a tolerar la frustración.
- Potencia
la relajación y la gestión del estrés: la
realización de un puzzle libera endorfinas, una sustancia que aumenta el
estado de bienestar, y dopamina, una hormona que genera placer. Así pues,
con un ambiente de tranquilidad y concentración, podemos ayudar a los
alumnos y alumnas a relajarse y disfrutar del juego a la vez que aprenden.
- Permite
el ensayo-error: esta técnica deja al alumnado equivocarse y darse
cuenta del error para volver a intentarlo hasta realizarlo correctamente.
¡El
puzzle, aunque sea un juego que se realiza en solitario, no significa que no
pueda emplearse para jugar en familia o con amigos, pues de este modo se
derivarán otros beneficios como el trabajo colaborativo y además pasarán un
rato muy divertido!
En
definitiva, el puzzle es un recurso ideal para trabajar tanto dentro como
fuera del aula a cualquier edad y que se convierte en un juego
educativo para los niños y niñas que fomenta el desarrollo de varias
competencias. ¿Te animas a utilizar este recurso en tus clases?
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